Os dejo con el relato de uno de los partos más recientes, gracias Elena por tu gran aportación:

Llevo muchos días queriendo escribir el relato de mi parto en casa… me ha tocado escribirlo en varios días, pero por fin, ahí va (advertencia: es largo).

Podría titularlo “Nacida para parir”, y es que ha sido tan fácil y tan rápido que me pregunto por qué no serán así todos los partos. ¿Será la genética? ¿La preparación física y mental? ¿La forma de ser? ¿Toda la teoría leída antes de ese gran momento? ¿Puro azar? Supongo que una mezcla de todo…

El jueves 5 de octubre me levanté a las 9 de la mañana y al ir al baño me di cuenta de que había roto aguas, como una fisura en la bolsa amniótica (aguas claras, por suerte). Llevaba ya 15 días echando el tapón mucoso y ese jueves era luna llena… Yo desde la luna llena de septiembre tenía la sensación de que Vega se adelantaría y vendría alrededor del día 5 (cuando mi salida de cuentas “oficial” era el 12 de octubre).

Avisé en el grupo de WhatsApp a la matrona, Laura Sola, a la doula, Ariana y a Raúl, que se volvió a casa inmediatamente. Aún no sentía contracciones así que aquello podía durar aún muchas horas…

Desayuné tranquilamente y me di una ducha en la que seguía echando líquido amniótico. Había leído que beber o chupar un poco de líquido amniótico favorecía las contracciones del parto, así que me animé y probé un poco con los dedos (parece agua con algo de sal). Lo hice un par de veces más a lo largo de la mañana y creo que fue un acierto.

En algún momento entre las 11 y las 12 comencé a sentir molestias, cada vez con más frecuencia y aunque la matrona me dijo que calculara cada cuánto tiempo las tenía, me resultó imposible coger el reloj y cronometrar (parece que Raúl las cronometró en algún momento, pero no tengo el recuerdo de que realmente lo consiguiéramos…), empezaban difusas y tampoco sentía bien cuándo terminaban, pero sí, parecían contracciones de parto en toda regla, soportables, pero contracciones.

 

Así pasé la mañana, preparando cosas que faltaban para dar a luz en la habitación y paseando pasillo arriba pasillo abajo. A las 14:50 llegó la asistente que nos ayuda y Raúl bajó a comprar. Terminamos de preparar las dos juntas la habitación (¡venga empapadores, sábanas y toallas por todas partes!) y a las 3 de la tarde las contracciones empezaron a ponerse algo más molestas… Raúl volvió de la compra y se puso a comer.

Laura, nuestra matrona, llegó a las 15:30, nos revisó a las dos y vio que estaba todo bien (me tranquilizó mucho su presencia), me recomendó comer algo mientras todavía pudiera así que nos pasamos al salón y me metí en el cuerpo unos cuantos trozos de filete de ternera con patatas fritas mientras iba bebiendo agua poco a poco.

Sobre las 4 ya no pude comer más. Iba notando cómo el dolor comenzaba en el periné posterior y el sacro para luego pasarse a la parte delantera por encima del pubis. Las contracciones eran cada vez más intensas y sin apenas descanso entre una y la siguiente. Así pasé lo que quedaba de dilatación, unas 2 horas sintiendo cómo las fibras más bajas de mi útero hacían su trabajo y el cuello se iba dilatando, aliviada por los masajes de Laura, la matrona, tumbada de lado en el sofá, agarrando de la mano o del pelo a mi amor. Aquello iba a toda pastilla y nos daba miedo que Ariana, nuestra doula, no llegara a tiempo.

Sobre las 6 menos algo (creo, yo perdí la noción del tiempo) llegó Ariana y sólo sé que al rato de estar ella algo cambió dentro de mi cuerpo. Por fin pude moverme y cambié de postura, me senté-acuclillé sobre la silla de partos apoyada en Ariana y el sofá y las contracciones cambiaron completamente, ahora eran diferentes, no dolían por delante, era una sensación global en todo el abdomen que me obligaba a estirarme y a empujar.

No era dolor, era una sensación que no me dejaba concentrarme en otra cosa que no fuera mi cuerpo ayudando a bajar a mi bebé por cada plano del canal del parto. La intuición de Ariana le hizo ver que necesitaba echarme más hacia delante y cambiamos de postura de nuevo, poniéndome de rodillas en el suelo hacia el sofá y Ariana, que me sujetaba con todo su amor.

Y yo que creía que el expulsado eran dos empujones… ¡¡¡ingenua!!! Yo diría que entre 40 minutos y una hora de un esfuerzo increíble, de una fuerza que salía del centro de mi cuerpo y me hacía gritar con una voz que no era la mía. Sintiendo en mí todo eso que había leído de fundirse con la madre naturaleza, que mi cuerpo no me pertenecía a mí, que era un animal, que me fundía con todas las generaciones de madres desde tiempos ancestrales… lo más intenso que he sentido en mi vida.

Sentía la cabeza descender, parecía que ya salía, pero todo lo que conseguía era que mis tejidos se abrieran un poquito más con cada contracción. Luego paraba un ratito y volvía la contracción a obligarme a empujar y gritar con fuerza, tenía que hacerlo, estaba ayudando a Vega a salir de mi cuerpo.

La voz de Ariana me invadió cuando más lo necesitaba (cuando pensaba que ya estaba todo casi acabado, pero no, aún quedaba rato), con un blues suave al que pronto se unieron Laura y Raúl en el momento más mágico del parto, éramos una tribu trayendo juntos a mi hija a este mundo.

Entonces empezó a coronar. La primera vez que Laura me dijo si quería tocar la cabeza no quise, pero algunas contracciones más tarde la toqué; era muy blandita, parecía gelatina… ya casi estaba por la mitad, por su máximo diámetro, “venga cariño, lo estamos haciendo muy bien, ya estás casi aquí” (sólo pensaba en eso)… Sentía ese “círculo de fuego” del que había leído las últimas semanas y sólo quería seguir empujando para que terminara cuanto antes, pero cuando la contracción se terminaba no podía hacer nada… no podía seguir empujando por mi cuenta, no servía de nada, tenía que relajarme, respirar, coger fuerzas y esperar a la siguiente…

Y entonces llegó, empujé con todas mis fuerzas y salió la cabecita, y ahí quedó, a medio camino entre mi cuerpo y la vida fuera de él y en la siguiente contracción Laura la ayudó a girar sus hombros y todo había terminado en un momento.

Eran las 19:10.

Me di la vuelta, me senté en el suelo y apoyé la espalda en el sofá. De repente tenía a mi hija en mis brazos. Empezó a llorar, abrió sus ojitos y nos enamoramos nada más vernos. Raúl se sentó a mi lado y todo era pura felicidad.

Siempre había pensado que en ese momento lloraría de emoción, pero todo lo que me invadía era una paz y una tranquilidad infinitas. No lloré, no lloramos. Sentía agradecimiento hacia las personas que me rodeaban en ese momento (Raúl, Laura, Ariana y Yuris) y todo lo que pasara a partir de entonces ya no importaba. Desde ese momento Vega no se ha separado de mí, nadie ha tenido que llevársela a hacerle ninguna prueba y hemos establecido desde el principio una lactancia muy buena.

La placenta tardó bastante en salir, pero cuando lo hizo (gracias al súper suave sondaje de Laura, en vistas de que no podía orinar yo misma), salió íntegra y sin molestias. Ahora sí había terminado todo… Muy rápido, muy intenso, a veces echo de menos esas sensaciones, no quiero que el recuerdo se difumine.

Ahora miro a mi hija y a veces se me caen las lágrimas. Creo que le hemos dado el mejor nacimiento que podía tener y estoy orgullosa de la decisión que tomamos juntos Raúl y yo.

Estoy muy feliz de haber encontrado en esta aventura a Laura Sola y a Ariana Torres y haber podido contar con su profesionalidad y su cariño.

También quiero dar las gracias a Yuris por quedarse hasta el final y ayudarnos. Y a Leticia por pasarme los audios de Gentle Birth que tanto me han gustado y creo que me han ayudado.

No puedo dejar de agradecer a las personas que en vez de un regalo han hecho su aportación económica para que pudiéramos permitirnos este parto: Ken Mizukubo, Nati, Nuria, Mayte, Yola, Flor España, Alfonso Ce, Vero, Alba, Elena, Silvia Castelló, Diana y al equipo Sabáh. Y por supuesto a nuestros padres, que nos han apoyado de forma incondicional.

También quiero agradecer a la gente que nos ha prestado o regalado otras cosas; también se valora.

Para terminar, quiero mandar un gran abrazo a Marta, Ana y Rebeca, tres super mamis que han tenido a sus bebés también sobre la fecha que yo lo tuve y que estoy segura de que van a hacerlo muy bien para que sean grandes personas el día de mañana.

 

Elena Castelló

1 comentario

  1. María-Responder
    13 noviembre, 2017 at 10:10 pm

    Enhorabuena , Elena, qué cara más resplandeciente nada más haber parido!. Precioso tu testimonio, os deseo que siga la siendo la crianza una experiencia revolucionaria y preciosa.

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