*Éste es el relato de una mamá a la que atendimos hace unos meses y cuyas imágenes se quedaron grabadas en mi retina para siempre. Las mujeres merecemos placer, orgasmos y expandirnos como protagonistas de nuestros partos. Gracias mujer por hacerlo presente, real y por ser ejemplo de ello.

 

Mi primer parto fue en el hospital público de una pequeña ciudad.  Considero que me había preparado bastante para él (lecturas, talleres, trabajo de desarrollo personal…), sin embargo, tal y como suele suceder, las expectativas que tenía de él no se cumplieron.

Soñaba con un parto orgásmico y acabo con una inducción, una “amenaza” de fórceps y una batalla entre la matrona y el ginecólogo en el momento del expulsivo.

Desde el primer momento y a pesar de no ser mi parto soñado, sentí un profundo agradecimiento al modo en el que sucedió; pues tenía la certeza de que era el parto que me tocaba vivir para “sanar” parte de la profunda herida que se desencadenó hacía ya 30 años, en el momento en el que nací. Son tantas las veces que he oído el relato traumático de mi nacimiento a mi madre…La durmieron sin avisarla y me sacaron con fórceps. Mi madre sintió un profundo rechazo hacia mí durante las primeras semanas, el cual fue superando gracias a su empeño por establecer una prolongada lactancia.

Esta vivencia ha crecido conmigo en cada célula de mi cuerpo y son muchas las evidencias que constatan que mi manera de venir al mundo ha determinado e influido en muchos aspectos de mi vida.

De modo que, mi manera de llegar al mundo fue un desencadenante importante en tomar la decisión.  Deseaba tener un parto consciente que me permitiera empoderarme como mujer y que a su vez permitiera a mis hijos llegar al mundo como merecían. Más allá de la enorme satisfacción del nacimiento de mi hija mayor, tenía la sensación de que todavía quedaba mucho por sanar.

A raíz de esta experiencia, sentí la llamada de parir en casa, y en este primer puerperio comencé a oír hablar de Laura a través de mamás que habían parido con ella y de las redes sociales.  Y así fue como se sembró un sueño que se gestaría durante un tiempo para dar sus frutos 4 años más tarde.

Son las 8 de la mañana y al entrar en la ducha noto pérdida de líquido amniótico, parece que es una fisura de la bolsa pues la pérdida es de poco en poco. Ahora a esperar las contracciones. La mañana transcurre con calma, tengo muchas ganas de parir, empiezo a ponerme impaciente. Estoy en contacto con Laura y Ari a través del wassap. Laura me habla de la Amniofagia, me invita a leer un artículo de Ibone Olza que habla sobre ello. Me parece interesante y siento mucha curiosidad por comprobarlo.  Coloco una tacita sobre mi braga para recoger el liquido y poder beberlo. Al poco rato de beber un par de sorbos empiezan las contracciones. Me siento entusiasmada por la sabiduría de la naturaleza. A las 6 de la tarde comienzo a tener contracciones cada diez minutos, a la hora se tornan más suaves y seguidas 5 minutos. A las 8 de la tarde empiezo a sentir la necesidad de que venga Laura y Ari a acompañarme. A las 9 cenamos. Vuelvo a tomar un chupito de líquido amniótico. Aumenta la intensidad de las contracciones. Son las 11 y siento que se acerca el momento.

Mi hija de 4 años y mis padres duermen, Laura y Ari preparan el espacio y mi hermana y mi pareja me acompañan. Velas y temperatura agradable en la habitación en la que me visualizaba pariendo, en el baño y en el trayecto de un lugar a otro. Esto se pone interesante, el cambio de ambiente, las voces bajicas y la intensidad de mis contracciones hacen que mi atención se centre en mi cuerpo. Siento necesidad de ir al baño, me siento a gusto en la taza del váter. Evacúo. Me siento más ligera pero las ganas de ir al baño continúan. Viene una contracción intensa, siento la necesidad de estirar mis brazos y ponerme contra la pared, me regalan un amoroso masaje en mis lumbares. Desde este momento pierdo la conciencia del tiempo y del espacio y me dejo llevar por mi cuerpo, confío en que él sabe cómo colocarse en cada momento, entre contracción y contracción me acompañan para encontrar una posición cómoda en la que descansar, siento una conexión profunda con cada una de las personas que me acompañan.  Mi neurología me regala recursos en los que apoyarme durante el parto. Serán unas 4 horas de intensos encuentros, danzas, movimientos libres, respiraciones, miradas, abrazos…en ocasiones mi mente siente la necesidad de encontrar respuestas a preguntas que no van a ninguna parte, ¿qué hora es? , ¿va bien? ¿está avanzando?, las formulo al tiempo que tengo la certeza de que no va a haber una respuesta más allá de éste presente, y de que si hay que preguntarle a alguien es a mi cuerpo inconsciente. Retorno a él y continúo entregada a la experiencia. Siento unas ganas locas de cagar, no me puedo contener, estoy de pie, apoyada en el columpio que cuelga del techo y en mi pareja. Comprendo y experimento el aro de fuego. Siento sus hombros. Oigo su llanto. Silencio. Amor profundo.

Me tumbo. Descanso. Embriagada por su olor. Piel con piel. Dos horas más tarde, con mi hijo en mis brazos y el cordón sin cortar me siento en la silla de partos para alumbrar la placenta. Respiro, me enamoro de este órgano tan desconocido para mí. Vuelvo a la horizontal. Es hora de brindar, reconfortante el batido de Ari. Me siento feliz. Afortunada y profundamente agradecida.

Aguja, hilo. Un espejo y conciencia en mi vulva.

El parto ha concluido…es tiempo de un nuevo puerperio. Esta vez, si hubiera tenido expectativas sobre cómo iba a suceder, sin duda se habrían quedado cortas.

Algunos de los aspectos que me han ayudado/inspirado en este parto:

  • Estar acompañada por mujeres que han vivido la experiencia y confían en las capacidades de las mujeres.
  • Acompañamiento amoroso de mi pareja y mi hermana.
  • Plena confianza y escucha a la sabiduría de mi cuerpo.
  • La conexión con el placer y con los orgasmos antes y durante el embarazo.
  • La estimulación del clítoris durante las contracciones, sin duda el mejor de los analgésicos.
  • Sentir cada contracción como un pasico más que me acerca a mi hijo.
  • Las referencias positivas que he tenido en la preparación al parto, (videos, relatos e imágenes de mujeres pariendo).
  • Dos libros inspiradores: Parir sin miedo, de Consuelo Ruiz y Parir en movimiento de Blandine Calais-Germain.
  • Herramientas del taller de manejo del dolor que imparte Laura Sola.
  • La escucha de experiencias de mujeres amigas y conocidas que han vivido el parto como una experiencia poderosa y empoderadora.
  • Y curioso pero cierto…el no tener reparo para ir al baño delante de personas de confianza, este aspecto facilitó que el espacio se abriera, desde una total libertad y confianza.

 

I.O.B