Quería un parto respetado, fisiológico y en el que me sintiera dueña de mi cuerpo y pudiera tomar mis propias decisiones. No quería epidural, no quería goteros, no quería estar inmóvil “atada” a una camilla de hospital.
Pensaba que me tocaría pelear en el hospital, que mi chico no llegaría a paritorio y que no era un ambiente muy propicio para él teniendo una discapacidad y alergia al látex. Pero era lo que había, lo normal, el hospital donde dan a luz la mayoría de las mujeres de Zaragoza (y del que yo había oído unas cuantas historias de parto espeluznantes).
Entonces empezamos las clases de preparación al parto en el centro de Salud. Mi pareja me acompañaba y en la tercera sesión visionamos un vídeo sobre el parto en el hospital… horrible. La medicalización no justificada que se realizaba recordaba más a una intervención quirúrgica que al nacimiento de un mamífero. Mi pareja salió de clase asqueada, y al entrar pasados unos minutos me dijo “¿y si hacemos el parto en casa?”.

Comenzamos una exhaustiva búsqueda de información sobre parto fisiológico y nos pusimos en contacto con Laura Sola. Me empapé la web de El Parto Es Nuestro y empecé a seguir a Ibone Olza. La decisión estaba tomada y cada vez estaba más tranquila con ella.

En algún momento me asaltaron las dudas pero la paz que sentí el día que rompí aguas y que sabía que iba a dar a luz a mi hija no la cambio por el miedo que me hubiera entrado de pensar en ir al hospital.

Eso es lo que no quería en mi parto, en el nacimiento de mi hija, muy probablemente la única que tenga. MIEDO: Ir al hospital sin saber quién me va a atender, si conoce mi plan de parto, si habrá muchas mujeres pariendo ese día y me va a tocar estar sin mi pareja en dilatación, si mi pareja va a estar bien allí, si me van a hacer muchos tactos y a provocar infección, si va a haber muchas alumnas por allí rondando y quién sabe si haciendo tactos también, si me van a obligar a ponerme una vía, cuánto voy a poder moverme, si al final me va a doler mucho y voy a pedir la epidural, si me van a obligar a parir en litotomía, si me van a hacer la maniobra de Kristeller, si me van a hacer episiotomía y si me van a dejar o no hacer piel con piel todo el tiempo, si se van a llevar a mi bebé recién nacido, si me van a asesorar con la lactancia y los primeros cuidados postparto… y sobre todo, miedo a sentirme un objeto, a que no se me escuche ni se me respete o se me trate con paternalismo o condescendencia.

Yo cambié ese miedo por paz, tranquilidad, amor, risas, intimidad, conexión con mi cuerpo, emoción, intensidad. Parir en casa es la mejor decisión que he tomado nunca. Mi decisión. Cada una debe elegir cómo quiere que sea su parto y ser respetada y apoyada.

Cuando una mujer pierde a su bebé recién nacido NUNCA es su culpa. No lo ha matado. Ha tomado una decisión pensando en lo mejor para ella y para su bebé. A veces los bebés fallecen. Quizá en otra circunstancia también hubiera fallecido. RESPETO.