Es la segunda vez que acompañamos un parto de L, un embarazo, una maternidad y una crianza. Siempre es un lujo, es de esas mujeres que saben muy bien lo que implica tener derechos, luchar por ellos y asumir responsabilidades.

Este último parto, llega justo después de la detención en Oviedo, de una mujer que se negó a una inducción, cuya justificación era pasarse de la semana 42. Siempre pienso que la vida no es casual, que en realidad está todo medido y ajustado matemáticamente para que confluya en coincidencias, causalidades y casualidades que parecen darse con varita mágica.

Acompañábamos a L en su tercer bebé, segunda vez que la atendíamos en casa. La gran diferencia, es que en esta ocasión sólo quiso que su embarazo lo controlase yo y por supuesto, ella misma. Es una mujer con un nivel de conciencia y de conocimiento muy superior a lo que estoy acostumbrada a ver, incluso a mí misma. Siempre aprendo algo nuevo con ella, sea de suplementación en el embarazo, de nutrición o de medicación para los niños. Todas sus opiniones me las acompaña de una extensa bibliografía que ha buscado para ella y para mí.

Y aún así, me pregunta cuando tiene dudas desde la mayor confianza, pero recogiendo mis respuestas y meditándolas, sin darme un sí o un no inmediato por respuesta. No siempre sigue mis recomendaciones. Y me alegro, me alegro porque sé que tengo delante de mi a una mujer que tomará sus propias decisiones, bien meditadas y elegirá el camino adecuado para ella. Esto deberíamos de pensar todos los profesionales sanitarios cuando una mujer (o cualquier otro paciente) se nos sienta delante en la consulta y cuestiona nuestras recomendaciones. ¡Vaya! Enhorabuena, sabe usted un montón sobre su proceso de salud/enfermedad. Cuánto me alegro y qué gran responsabilidad asume sin echármela a mí (que, por otro lado, no me toca).

El caso es que justo unos días después de que aquella madre de Oviedo fuese vulnerada en sus derechos más básicos cuando estaba dando a luz en su casa, la madre por la que yo estaba de guardia, se pasaba generosamente de la semana 42 y decidía esperar.

Llegó a la semana 43 de embarazo, necesitaba parir pronto por una cuestión logística de su marido y me pidió si podía realizarle una maniobra de Hamilton (https://www.laurasolamatrona.com/membranas-integras/). Se la hice un día y al siguiente empezó con contracciones, pero no suficientes como para arrancar el parto. A los dos días le dije que me parecía necesario hacer rebozo para encajar la cabeza del bebé y de nuevo otra maniobra de Hamilton. Le pareció fantástico, así que un sábado fui, lo hicimos y me marché. Se puso de parto esa noche poco a poco y dio a luz al día siguiente.

L es una mujer grande, fuerte, decidida y con una intuición muy potente. Me dijo en varias ocasiones que sentía que iba a ser un parto muy rápido. Yo vivo a unas dos horas y pico de su domicilio, que está en medio de montes, almendros, olivos…. Así que ese sábado, tras hacerle la segunda maniobra de Hamilton y el rebozo, decidí quedarme cerca junto a mi pareja en nuestra furgo-matrona (ya lleva acompañándome un tiempo). Intuí que necesitaba estar bastante cerca y tenía razón. El domingo me avisó a las 16 h de que estaba de parto, llegué a las 17.15 y su bebé nació a las 17.52!!!

Un hermoso bebé de ¡¡¡¡¡5.050 gr!!!!! nació en menos de dos horas, sano, fuerte, que lacta de maravilla, engorda sin parar y que no ha tenido ningún problema en los últimos 15 días.

Las mujeres, definitivamente, no cabemos en las gráficas, en los libros de medicina, en las guías y recomendaciones de lo que se supone como normal, ni en las expectativas de muchos y muchas profesionales. Yo no dejo de sorprenderme y descubrir que lo que me enseñaron que no era normal, las mujeres me lo estáis haciendo desaprender.

Y como rezaba el cartel de éste año de EPEN: El parto, SIEMPRE SERÁ NUESTRO.