Los papás de F vinieron a mí mucho antes de decidir parir en casa. Traían una mochila cargada de piedras que fueron soltando valientes por el camino de los talleres prenatales y el seguimiento del embarazo. Me estremezco cada vez que recuerdo su historia. Una historia de superación, valentía y fuerza, mucha fuerza.

Con su primer bebé quisieron un parto respetado y terminó en cesárea con secuelas importantes para todos. Ésta vez quisieron que fuera distinto y no se pusieron de acuerdo hasta bien avanzado el embarazo. Miedos, muchos miedos. ¿qué tendrá el miedo que a todos nos paraliza?

Yo cuando siento miedo, me dejo sentirlo, lo abrazo, suelto el control que tengo atado con una cuerda a mi mano y me lanzo al vacío. Lo que tenga que venir, vendrá. Y lo acepto. No dejo de sentir el miedo, eso lo sentimos todos los mortales, nos guste o no. Y que conste que yo lo siento a menudo.

Así debió de hacer esta mamá que abrió sus alas y confió en si misma por encima no de sus miedos y de los de su marido, sino de los míos propios. Confieso que tuve miedo y quise huir, salir por cualquier hueco y dejar mi trabajo. Ella me miró a los ojos y me dijo: “me queda mucho por hacer antes de ir a un hospital, sé que puedo parir”. Y nos quedamos tal como ella quería. No es que yo no tenga límites, claro que los tengo. Pero aquel día su seguridad me tranquilizó 100 veces más que mi propia experiencia o mi conocimiento. Yo llevo mi propia mochila y me resulta difícil quitármela para asistir un parto domiciliario.

Yo fui un PVDC y me alegro de darle la misma oportunidad a otras mujeres que se sienten seguras de su decisión. Yo necesitaba alguien que creyese en mí y la encontré.

Puedo decir que atender éste PVDC (parto vaginal después de cesárea) me ha dejado huella. Recuerdo mirarla embobada mientras recogía a su bebé ella sola sin ningún asombro por su parte, con la total seguridad de que podía hacerlo. Recuerdo su frase en consulta: “sólo necesito que me dejen parir”. Y la dejé parir. Creo que eso fue lo único que hice. Eso y combatir mis miedos (gracias a mi doula Ariana que me sostuvo durante todas las horas). Fue un parto largo en el que combatió numerosos obstáculos y llegó a la meta como en las películas de James Bond en que, tras un tiroteo, ni se ha despeinado. Aún estoy procesando y creo que seguiré sacándole jugo por años.

Necesitaban un lugar donde poder parir y eligieron mi casa (les presté mi hogar como excepción). Me siento muy orgullosa de que otro bebé haya nacido en esta casa que tiene ya una energía especial (¡aún tendré que convertirla en casa de partos!)

Gracias por elegirme, por mostrarme tu poder y enseñarme tanto durante todo el camino que has recorrido. Tu fe mueve montañas.

Las mujeres tenemos una fuerza dentro que es imparable, que, si la usamos para hacer el bien, movemos nosotras solas, el MUNDO.

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