Siempre había querido escribir sobre este tema. Ya he logrado perdonar, aceptar y amar a la que nos toca y por fin puedo escribir sin rencor sobre ellas. Las abuelas. Una figura que a veces ayuda, posibilita, hace crecer, permite libertad, apoya y en otras ocasiones dificulta, duele y genera conflictos. Ni perfectas ni imperfectas.

En mi experiencia personal, debo decir que antes de que naciera mi hijo Lorenzo, estaba unida a mi madre como si fuera un apéndice de mi cuerpo. Me entendía con ella a la perfección y nos defendíamos mutuamente como camaradas. Al quedarme embarazada por primera vez, algo en ella cambió y en mi también. Como si un muro nos separase de golpe y dejáramos de entendernos como lo hacíamos antes. Quiso estar en el parto de Lorenzo y lo acepté, no porque yo quisiera, sino porque a ella le hacía mucha ilusión. Error. No creo que ella fuese responsable de que las cosas acabaran mal, pero si es cierto que nuestra relación se dañó de una forma que en aquel momento pensé irreparable. Cuando llegó y me vió que lloraba de dolor, ella en su calidad de madre se le encogió el corazón y lloró conmigo. No pudo evitarlo, pero yo tardé años en comprender lo que aquello significa en un parto.

Cuando una mujer da a luz, ella debería ser la única madre presente en ese momento. Porque al estar su propia madre presente, ella se convierte en hija y pierde la fuerza que le da el hecho de ser madre. Puede haber excepciones de mujeres que en presencia de sus madres sienten una fortaleza tremenda y no las cambiarían en ese momento por nadie. Pero no suele ser lo habitual. He conocido muchas mujeres que me han dicho lo mismo o que vivieron algo parecido siendo acompañadas por sus madres en casa o en el hospital.

Algunas abuelas llegan de visita a la habitación y traen consigo un bagaje que creen imprescindible soltar allí mismo, y que desgraciadamente poco o nada ayuda a esa madre en su nueva etapa. Porque los consejos no dejan de ser aprendizajes que tiene uno mismo tras su propia experiencia y que poco se pueden comparar con la experiencia de otra persona, sobre todo en la maternidad.

En el tema de lactancia, tengo muchos conflictos con las abuelas, a las que mimo con cariño y comprendo en su papel y en su angustia, pero a quienes dejo claro que la voz cantante no la llevan ellas. Su papel debería ser el de apoyo incondicional a lo que verdaderamente se necesita, que es lo práctico del dia a dia. Tener comida hecha, la casa mas o menos adecuada, pocas visitas, intimidad. Estar presente sin ser estorbo, o simplemente, lo que los padres necesiten. Hay abuelas que quieren tener un papel protagonista porque para ellas también es un acontecimiento vital: ha nacido su primer niet@!!! y quien dice abuelas, dice abuelos, que también puede haberlos de este tipo y los he visto.

Queridas abuelas, vuestra ayuda en este momento es de agradecer, todo ese amor, ese interés, ese plato que os sale tan rico, pero sabiendo cuál es vuestro lugar, para no entorpecer el momento tan delicado que es la llegada del primer hijo.

Y dicho esto, agradezco a la mía que encontrase su lugar y volviésemos a ser uña y carne. Te quiero mamá.